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Teoría crítica de la Información, la comunicación, los medios y la tecnología

Artículo
 
Editor
Fuchs, Christian
Contribuciones incorporadas
Fuchs (28/02/09)
Ámbito de uso
pragmática, TIC, teoría crítica, sociedad de la información, ética
Tipo
teoría
Francés
Théorie critique de l'information, communication, media et technologie
Alemán Kritische Theorie der Information, Kommunication, Medien un Technologie
 
La noción de teoría crítica tiene un significado general  y otro específico (Maces 2001: 74f, Payne 1997: 118). Como término general, “teoría crítica” designa aquellas teorías que son críticas del capitalismo y de la dominación. Como un término más específico, “teoría crítica” refiere al trabajo de la Escuela de Frankfurt, y particularmente de Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Jürgen Habermas, y Herbert Marcuse. Su punto de partida es la obra de Karl Marx (Held 1980: 15, Macey 2001: 75, Payne 1997: 118, Rush 2004: 9, Wiggershaus 1994: 5). Para Horkheimer y sus colegas, la teoría crítica “era una etiqueta para camuflar `Teoría marxista’” (Wiggershaus 1994: 5) cuando estaban en el exilio de los nazis en Estados Unidos, donde temían exponerse como pensadores comunistas y por tanto debían cuidar el léxico que empleaban”.
 
En primer lugar, hay definiciones de teoría crítica que siguen siendo vagas y generales. Por ejemplo, David Macey ofrece una definición circular, puesto que define “crítico” por ser crítico, sin aportar mayor cualificación de lo que signifique ser crítico. Por teoría crítica entiende “un amplio espectro de teorías que adoptan un punto de vista crítico de la sociedad y de las ciencias humanas, o que pretenden explicar la emergencia de sus objetos de conocimiento“ (Macey 2001: 74). Las teorías inespecíficas incluyen aquellas que no definen un proyecto normativo concreto, sino que argumentan que la teoría crítica concierne al compromiso político en general, o bien se concentran en mostrar las diferencias entre potencialidad y actualidad. Así por ejemplo Michael Payne reconoce en el compromiso político la característica central de la teoría crítica. Define ésta como “proyectos de investigación en las ciencias humanas y/o humanidades que intentan unificar verdad y compromiso político“ (Payne 1997: 118). Craig Calhoun se centra en definir la teoría crítica como un proyecto que muestra la diferencia entre potencialidad y actualidad, argumentando en favor de futuros potenciales: la teoría social crítica “existe fundamentalmente para facilitar un compromiso constructivo con el mundo social y parte del supuesto de que las circunstancias existentes –incluyendo las identidades y diferencias actualmente afirmadas- no agotan el espacio de posibilidades. Busca explorar modos en los que nuestras categorías de pensamiento reducen nuestra libertad al ocultar el reconocimiento de lo que pudiera ser. (…) Ayuda a los actores ejecutantes a afrontar el cambio social, al ayudarles a ver más allá de la inmediatez de lo que se conceptualiza y de lo que es posible en cada momento particular.(…) Al tomarse en serio la cuestión de lo que significaría transcender la actualidad, la teoría crítica abre un espacio nuevo para considerar la posibilidad de que el mundo sea diferente de como es, más allá de cualquier simple afirmación de las diferencias existentes o de la tesis de que la postmodernidad es sólo cuestión de perspectiva” (Calhoun 1995: xiv, 9, 290).
 
Es ciertamente verdad que la teoría crítica se concentra en la sociedad, quiere favorecer el compromiso político y quiere mostrar la diferencia entre potencialidad y actualidad en la sociedad. Pero estas características no determinan aún a qué refiere “teoría crítica”. Deben añadirse cualidades adicionales para evitar considerar críticas teorías que no lo son, como por ejemplo las que favorecen el extremismo de derecha o fines nacionalistas.  
 
En segundo lugar, hay definiciones tan específicas que sólo incluyen una sola o unas pocas aproximaciones, excluyendo del calificativo de teoría crítica otros planteamientos. Por ejemplo, Rainer Forst ofrece una definición de teoría crítica que apunta claramente a un proyecrto estrictamente habermasiano. La teoría crítica, en esta definición, explicaría y cuestionaría los factores que limitan la comunicación: ”Como teoría normativa, la teoría crítica argumenta en favor de la cohesividad de una esfera de integración comunicativa normativa, así como a favor de la realización de la posibilidad de un discurso social y político: como teoría socio-científica, explica los factores y estructuras que dificultan la infraestructura comunicativa social y que obstaculizan el discurso (por ejemplo mediante la exclusión de actores de la argumentación política y de la toma de decisiones); y como participante en conflictos políticos, argumenta para sustentar normas e instituciones que pueden ser defendidas por todos aquellos que están ´sujetos’ a ellas” (Forst 1999: 143).
 
Axel Honneth localiza dos conceptos en el núcleo de la teoría crítica: irespeto y desreconocimiento. Concibe la teoría crítica como un análisis de estructuras que provoca falta de respeto y de reconocimiento: la teoría crítica analiza “relaciones sociales de comunicación (…) fundamentalmente en términos de las formas estructurales del irespeto que generan”, concentrándose en “dañar y distorsionar las relaciones sociales de reconocimiento” (Honneth 2007: 72). Honneth afirma que todos los teóricos críticos comparten el supuesto de que “el proceso de racionalización social mediante la estructura societal propia del capitalism se ha visto interrumpida o distorsionada de modo que crea patologías que acompañan la pérdida de un universal racional inevitable” (Honneth 2004: 349).
 
De modo que, por una parte, si uno define la teoría crítica en un sentido muy amplio, entonces su aspecto normativo de crítica de la dominación se pierde. Y por otra parte, si uno define la teoría crítica en un sentido muy estricto, concentrándose en teorías, académicos o conceptos específicos, entonces se arriesga a una definición estrecha que debilita el poder académico y político de la teoría crítica, al aislar las distintas aproximaciones.
Un tercer modo de definir la teoría crítica es entenderla como análisis y cuestionamiento de la dominación, desigualdad y explotación, con miras a favorecer luchas sociales y la liberación de la dominación, de modo tal que pueda emerger una sociedad sin dominación, co-operativa y participativa. Algunos ejemplos de tales definiciones son:
  • Fred Rush entiende la teoría crítica como el análisis de la dominación e inequidad para favorecer el cambio social: ”se trata de una explicación de las fuerzas sociales de dominación que entiende su actividad teórica conectada con el objeto de su estudio. En otras palabras, la teoría crítica no es meramente descriptiva, sino una manera de instigar el cambio social mediante el logro del conocimiento de las fuerzas de desigualdad social, que a su vez pueden influir en la acción política dirigida a la emancipación (o al menos disminuir la dominación y la desigualdad)” (Rush 2004: 9). 
  • David Held argumenta que los teóricos críticos Adorno, Habermas, Horkheimer y Marcuse pretendieron establecer una sociedad libre y hacer patentes los obstáculos para su desarrollo: “Siguiendo a Marx, estaban preocupados especialmente en sus primeras obras, con las fuerzas que movieron (y pueden seguir moviendo) la sociedad hacia instituciones racionales –instituciones que aseguren una vida verdadera, libre y justa. Sin embargo, eran conscientes de los muchos obstáculos para un cambio radical, y buscaron analizarlos y exponerlos. De esto modo se implicaron tanto en la interpretación como en la transformación” (Held 1980: 15). 
  • Douglas Kellner define la teoría crítica como un proyecto que afronta los problemas societales de dominación y busca la liberación de tales condiciones: “La teoría crítica está determinada por la investigación multidisciplinar, combinada con el intento de construir una teoría social sistemática y comprensiva que pueda afrontar los problemas sociales y políticos clave del presente. La obra de los teóricos críticos aporta críticas argumentadas y alternativas a la teoría social, la filosofía y la ciencia tradicional o mayoritaria. Al mismo tiempo, aporta una crítica a toda una serie de ideologías que van de la cultura de masas a la religión. Al menos algunas versiones de la teoría crítica están motivadas por el interés de relacionar la teoría con la política y el interés en la emancipación de los oprimidos y dominados. De este modo la teoría crítica está impregnada por la crítica a la dominación y por una teoría de la liberación” (Kellner 1989: 1). 
  • Alvesson y Deetz definen los estudios críticos como la ruptura con la dominación que a la vez impulsa a liberarse de ella: ”la investigación crítica en general tiene como objetivo interrumpir la realidad social en curso con el objeto de provocar impulsos para la liberación de o resistencia a aquello que domina y constriñe la toma humana de decisiones (…) Aquí la crítica se refiere al examen de las instituciones sociales, ideologías, discursos (modos de construir y razonar sobre el mundo mediante el uso de un lenguaje particular) y formas de conciencia en términos de representación y dominación. La crítica explora si y cómo éstas limitan la imaginación, autonomía y toma de decisiones humana. Se atienden las relaciones asimétricas de poder, los supuestos asumidos y creencias (…) “ (Alvesson and Deetz 2000: 1, 8f).
Karl Marx aportó una definición de crítica que nos permite definir la teoría crítica no sólo como crítica y análisis del capitalismo, sino de la dominación en general. La teoría crítica de la información como crítica de la dominación en el contexto de los medios, la cultura y la comunicación se corresponde perfectamente con la comprensión de la crítica ofrecida por Marx en la “Introducción a la Filosofía del Derecho” de Hegel en 1844: “La teoría es capaz de concitar las masas en cuanto se muestre ad hominem, y se muestra ad hominem tan pronto como se convierte en radical. Ser radical es entender la raíz del asunto. Pero, para el hombre, la raíz es el hombre mismo. (…) La crítica de la religión termina con la enseñanza que el hombre es el ser más elevado para el hombre – en consecuencia, aceptar el imperativo categórico de superar todas las relaciones en las que el hombre es un ser degradado, esclavizado, abandonado, despreciado, en suma todas las relaciones que no pueden describirse mejor que mediante el grito de un francés cuando se pretendió introducir un impuesto sobre los perros: ¡pobres perros! ¡Os quieren tratar como a seres humanos!“ (MEW 1: 385 ).
 
Si entendemos la ontología como la pregunta filosófica por el ser (¿qué existe?), la epistemología como la pregunta filosófica por la cognición del ser (¿cómo concebimos y percibimos la realidad?), y la axiología como la pregunta filosófica por la praxis humana como la consecuencia de la cognición del ser (¿qué forma de existencia es deseable para los humanos?), entonces podemos decir que un campo académico presenta estas tres dimensiones. Basándonos en esta idea y en la noción de crítica de Marx, podemos identificar los siguientes tres elementos básicos en la teoría crítica: 
 
  • Epistemología – Realismo dialéctico: 
El realismo asume la existencia de un mundo independiente que incluye el ser humano y sus imaginaciones. El mundo material se entiende como primario y se asume que los humanos son capaces de captar, describir, analizar y parcialmente transformar este mundo en una obra académica. Se llevan a cabo análisis que buscan la esencia de la existencia social mediante la identificación de contradicciones en el corazón del desarrollo social. La teoría crítica analiza los fenómenos sociales basándose no en la razón instrumental y una lógica uni-dimensional, es decir, opera: 1. Bajo el supuesto de que los fenómenos no tienen causas y efectos lineales, sino contradictorios, abiertos, dinámicos y realizan ciertos potenciales de desarrollo, y por lo tanto deben ser concebidos en formas complejas; 2. Basándonos en la perspectiva de que la realidad debe ser concebida de modo que en los fenómenos sociales ni haya sólo ventajas ni sólo riesgos, sino tendencias contradictorias que plantean tanto potenciales negativos como positivos al mismo tiempo, esto es, tendencias que se realizan o suprimen por la práctica humana social.
El análisis dialéctico en este contexto significa pensamiento dinámico complejo, el realismo un análisis de posibilidades reales y una dialéctica de pesimismo y optimismo. En un análisis dialectico, los fenómenos se analizan en términos de las dialécticas de agencia y estructuras, discontinuidad y continuidad, uno y muchos, potencialidad y actualidad, global y local, virtual y real, optimismo y pesimismo, esencia y existencia, inmanencia y transcendencia, etc. Tales análisis asumen que el mundo no es como se nos presenta, sino que hay potencialidades que subyacen a los fenómenos sociales existentes.
  • Ontología – Materialismo dinámico: 
La teoría crítica es materialista en el sentido de afrontar fenómenos y problemas no en términos de ideas absolutas y desarrollo social predeterminado, sino en términos de distribución de recursos y conflictos sociales. La realidad se ve en términos que incluyen posesión, propiedad privada, distribución de recursos, luchas sociales, poder, control de recursos, explotación y dominación.
 
Hacer un análisis materialista también significa concebir la sociedad como un todo interconectado (totalidad) y como negatividad, identificar antagonismos significa analizar las tendencias contradictorias que refieren a uno y el mismo fenómeno, crean problemas sociales y requieren un cambio sistémico fundamental para ser solucionados. Analizar la sociedad como algo contradictorio también significa considerarla como un sistema dinámico, puesto que las contradicciones causan desarrollo y movimiento de lo material.
 
Para afrontar la negatividad de la sociedad contemporánea y su potencial, la investigación necesita también orientarse hacia la totalidad. Esa dialéctica es una filosofía de la totalidad, que en este contexto significa que la sociedad se analiza en una escala macro para captar sus problemas y que han de aportarse razones para la necesidad de una transformación positiva.
  • Axiología – Negando lo negativo: 
Todas las aproximaciones críticas en uno u otro sentido toman el punto de vista de las clases o individuos oprimidos o explotados, y hacer el juicio que estructuras de opresión y explotación benefician a ciertas clases a expensas de otras y por tanto deben ser radicalmente transformadas por luchas sociales. Esta concepción constituye una forma de normatividad.

La teoría crítica no acepta las estructuras sociales existentes tal como son, no se concentra puramente en la sociedad tal como es, sino que está interesada en lo que pudiera ser y convertirse. Deconstruye ideologías que afirman que algo no puede ser cambiado y muestra potenciales contra-tendencias y modos de desarrollo alternativos. Que los antagonismos negativos se transformen en resultados positivos, no es un automatismo, sino que depende de la realización de fuerzas prácticas de cambio que tienen el potencial de surgir desde el interior de los sistemas en cuestión para producir un resultado transcendental que se convierte en un nuevo todo. La dimension axiologica de la crítica es un interfaz entre la praxis teórica y la política. Se basa en el juicio categórico de que una sociedad participativa y co-operativa es deseable.
 
La teoría crítica es un proyecto transdisciplinar que en un nivel epistemológico emplea los métodos y categorías teóricas que describen la realidad como campo dialéctico contradictorio que plantea riesgos y ventajas, de modo tal que al nivel ontológico la realidad se capta en términos que afrontan posesión, propiedad privada, distribución de recursos, luchas sociales, poder, control de recursos, explotación y dominación, de tal modo que en el nivel axiológico las estructuras dominativas se juzgan como siendo indeseables y se identifican modos potenciales de aliviar el sufrimiento y establecer una sociedad co-operatoria y participativa.
 
Dos textos centrales de la teoría crítica, “Teoría tradicional y teoría crítica” de Horkheimer, y “Filosofía y teoría crítica” de Marcuse, pueden interpretarse como no constitutivos de la Escuela de teoría crítica de Frankfurt, sino de la teoría crítica en general. En estas obras, Horkheimer y  Marcuse por una parte destacan los límites y unidimensionalidad del positivismo que juzgan como un paralizador de fuerzas que rechaza alternativas potenciales al capitalismo. Por otra parte, la peculiaridad más importante que une estas dos obras y que las convierte en obras de fundamentación de la teoría crítica en general, es el cuestionamiento axiológico de la dominación y el centrarse en la necesidad de una sociedad no dominativa.
 
Para Horkheimer, el objetivo de la teoría crítica es la mejora de la sociedad: “En el interés de una sociedad futura organizada racionalmente”, la teoría crítica arroja “luz crítica sobre la sociedad actual (…) bajo la esperanza de una mejora radical de la existencia humana” (Horkheimer 1937: 233). Concreta esta mejora en el mejor tipo de sociedad que en términos negativos es no explotadora: “Las categorías marxistas de clase, explotación, plusvalía, beneficio, empobrecimiento y crisis son elementos en un complejo conceptual, y el significado de este todo debe buscarse no en la preservación de la sociedad contemporánea, sino en su transformación en el tipo correcto de sociedad” (Horkheimer 1937: 218). La teoría crítica ansía “un estado de cosas en el que  no habrá explotación ni opresión” (241), una “sociedad sin injusticia” (221).
 
Esta emancipación en términos positivos implicaría felicidad y auto-determinación para todos:  “Su meta es la emancipación del hombre de la esclavitud” (249) y “la felicidad de todos los individuos” (248). La teoría crítica propone “la idea de auto-determinación de la raza humana, esto es, la idea de un estado de cosas en el que las acciones del hombre no provienen de un mecanismo, sino de su propia decisión” (Horkheimer 1937: 229). Tal sociedad está determinada por la “razonabilidad y deseo de paz, libertad y felicidad” (222) y el  “establecimiento de la justicia entre los humanos” (243). La humanidad entonces tomará conciencia de su existencia: “En la transición de la sociedad actual a la futura, la humanidad será por primera vez sujeto consciente y determinador activo de su propio modo de vida” (233). La transformación política es un proceso de negación cuyo proceso teórico correspondiente en la teoría crítica es el método de la negación: “El método de la negación, la denuncia de todo lo que mutila humanidad e impide su desarrollo libre, se fundamenta en la confianza en el hombre”. (Horkheimer 1947/1974: 126)
 
Para Marcuse, la teoría crítica se orienta contra la totalidad negativa del capitalismo: “la teoría de Marx es una ‘crítica´ en el sentido de que todos los conceptos acusan a la totalidad del orden existente” (Marcuse 1941a: 258). Al convertir la negatividad en un resultado potencialmente positivo, Marcuse (1937: 135) dice que la teoría crítica se ocupa “de la felicidad humana, y la convicción de que puede alcanzarse sólo mediante una transformación de las condiciones materiales de existencia“. Éste es un elemento central de la teoría crítica, cuyo objetivo es “la creación de una organización social en la que los individuos pueden regular colectivamente sus vidas de acuerdo a sus necesidades“ (Marcuse 1937: 141f), una condición social en la que encontramos “la subordinación de la economía a las necesidades individuales“ (Marcuse 1937: 144). Pugna por la libertad universal y puede por tanto ser considerada como una teoría universalista. Defiende que “todos y no sólo éste lugar o ésta persona particular debieran ser racionales, libres y felices. (...) El interés de la teoría crítica es la liberación de la humanidad de Viejas verdades. Está de acuerdo con la filosofía en mantener que el hombre puede ser más que un sujeto manipulable en el proceso de producción de la sociedad de clases“ (Marcuse 1937: 152f).La tarea de la teoría crítica es “demostrar esta posibilidad y poner las bases para una transformación“ (Marcuse 1937: 142). Quiere elevar “a la conciencia potencialidades que han surgido dentro de la situación histórica en proceso de maduración“ (Marcuse 1937: 158).
 
Si asumimos que la información, los medios, la comunicación, la cultura y la tecnología juegan un papel importante en el capitalismo contemporáneo, entonces la crítica de estos fenómenos en la sociedad actual es una de las tareas de la teoría crítica de la sociedad. Una teoría crítica de la información, la comunicación y los medios es por lo tanto un subdominio de la teoría crítica contemporánea de Ia sociedad.
 
Basándose en la noción general de teoría crítica que acabamos de bosquejar, podemos ahora definir los estudios críticos sobre información, comunicación y medios desde una perspectiva paraxeo-onto-epistemológica de la ciencia (Ver Hofkirchner, Fuchs y Klauninger 2005: 78-81), comprobando que tales estudios se concentran ontológicamente en el análisis de información, medios, comunicación, cultura, tecnología en el contexto de relaciones de poder asimétrico y dominación, explotación, opresión y control empleando en el nivel epistemológico todas las herramientas empíricas y/o teóricas para contribuir en el nivel praxiológico al establecimiento de una sociedad participativa y co-operativa. Dada tal definición, los estudios críticos de comunicación y medios son inherentemente normativos y políticos.
 
Esta definición es bastante amplia y admite incluir diferentes conceptos que proceden de diferentes contextos críticos, como por ejemplo –por citar solo algunos de entre muchos-mercantilización de la audiencia, estrategias de acumulación de medios, estética mercantilista, industria cultural, conciencias/necesidades verdaderas y falsas, razón instrumental, racionalidad tecnológica, manipulación, crítica ideológica, teatro dialéctico, pedagogía crítica, aura, esfera proletaria contra-pública, públicos múltiples, uso emancipatorio de medios, uso represivo de medios, medios alternativos, medios radicales, fetiches de la comunicación, aparatos de ideología del estado, la multitud, la circulación de luchas, hegemonía, estructura de sentimientos, articulación, lectura dominante, lectura opositora, lectura negociadora, función acumuladora de capital de los medios, función de los medios en la circulación de mercancías, función de legitimación de los medios, funciones de publicidad y relaciones públicas, función regenerativa de los medios, modelos de propaganda de los medios, acción comunicativa, comunicación dialógica, comunicación de discurso, capitalismo informacional transnacional, cultura de la clase obrera, subcultura, etc, todos ellos bajo el paraguas común  la definición que los comprendce como unidad diferenciada en la pluralidad que se califica como teoría crítica de la información, la comunicación y los estudios de medios.
 
Los estudios críticos de información, medios y comunicación debieran de incluirse en una perspectiva científica más amplia para mostrar qué posición ocupan en el campo general de las ciencias sociales. Por tanto debemos conectarlos con la teoría social y las tipologías de teorías sociales.
 
Anthony Giddens ve en la “división entre objetivismo y subjetivismo” (Giddens 1984, xx) uno de los problemas centrales de la teoría social. Las aproximaciones subjetivas se orientan a agentes humanos y a sus prácticas como el objeto primario de análisis, mientras que las aproximaciones objetivas se centran en estructuras sociales. En este sentido, las estructuras son relaciones institucionalizadas que se estabilizan en el tiempo y el espacio (Giddens 1984, xxxi).Teorías sociales integradoras (como las propuestas por Roy Bhaskar (1993), Pierre Bourdieu (1986), Anthony Giddens (1984), o Margaret Archer (1995)) pretenden superar la frontera estructura-agencia.
 
Burrell y Morgan (1979) han combinado la distinción entre sujeto y objeto con la distinción entre continuidad y discontinuidad para identificar dos nuevos ejes que desvelan dos dimensiones de modo tal que cuatro aproximaciones diferentes pueden distinguirse en la teoría social: humanismo radical (subjetivo, cambio radical), estructuralismo radical (objetivo, cambio radical),sociología interpretativa (subjetiva, continuista), y funcionalismo (objetivo, continuista).
 
 
Figura 1: Cuatro paradigmas de teoría social identificados por Burrel y Morgan (1979)
 
El problema con esta aproximación es que en la teoría social contemporánea hay planteamientos que atraviesan los llímites entre los cuatro campos señalados y que por tanto no pueden separarse estrictamente los cuatro paradigmas. La distinción continuidad/discontinuidad sigue siendo válida en términos políticos. Así por ejemplo las propuestas de Roy Bhaskar (1993), Pierre Bourdieu (1986), Anthony Giddens (1984), y Margaret Archer (1995) tienen en común que están basadas en la integración dialéctica sujeto-objeto, aunque Bhaskar y Bourdieu son globalmente críticos con la sociedad de clases que quieren abolir, mientras que Giddens y Archer pretenden transformar la modernidad, pero su propuesta general es continuadora. Los planteamientos de Bhaskar y Bourdieu por tanto pueden describirse como cambio integrativo-radical, mientras que los de Giddens y Archer como integrativo-continuista. Esto impone ciertos cambios en la tipología de Burrell y Morgan, como se indica en la figura 2. 
 
 
 
Figura 2: Una version refinada de la tipologçía de Burrell y Morgan.
 
Cierto número de investigadores de la comunicación han destacado que tiene sentido usar la tipología de Burrell y Morgan para identificar diferentes aproximaciones a los estudios y teoría de la comunicación (Deetz 1994, McQuail 2002, Rosengren 1993, 2000). “Este esquema es igualmente útil para representar las principales alternativas en teoría e investigación de medios de comunicación, que han sido escrupulosamente clasificados por sus metodologías y prioridades, así como por su grado de compromiso por un cambio radical” (McQuail 2002: 5). “Es altamente relevante al intentar entender las distintas tradiciones dentro del estudio de la comunicación” (Rosengren 2000: 7).
Robert T. Craig (1999) identificó siete tradiciones de la teoría de comunicación que están basadas en cómo definen la comunicación (ver tabla 1). Aunque esta aproximación es muy relevante y su artículo (Craig 1999) una de las obras más frecuentemente citadas en los estudios de comunicación en la última década, no especifica un criterio subyacente para justificar su tipología, lo que la impone cierto carácter arbitrario. Por lo tanto tiene sentido combinar sus siete tradiciones de teoría de la comunicación con la versión refinada de la tipología de Burrell y Morgan. Los resultados de hacerlo se muestran en la tabla 1.
 

 Tipo de planteamiento

Comunicación concebida como

Subjetivo/
objetivo

Ejemplos

 Retórico

El arte práctico del discurso

 Subjetivo

Aristóteles, Lloyd F. Bitzer, Kenneth Burke, Thomas B. Farrell, Sonja Foss & Cindy Griffin, Stephen W. Littlejohn, Platón

 Semiótico

Mediación intersubjetiva mediante signos

Objetivo

Roland Barthes, Wendy Leeds-Hurwitz, John Locke, Charles Morris, Charles Sanders Peirce, John Durham Peters, Ferdinand de Saussure

 Fenomeno-lógico

Experiencia de la alteridad; diálogo

 Subjetivo

Martin Buber, Briankle G. Chang,  Hans-Georfg Gadamer, Edmund Husserl, Maurice Merleau-Ponty,
Joseph J. Pilotta & Algis Mickunas, John Robert Stewart

 Cibernético

Procesamiento de información

Objetivo

Gregory Bateson, Annie Lang, Niklas Luhmann,  Claude Shannon, Paul Watzlawick, Warren Weaver, Norbert Wiener

 Sociopsico-lógico

Expresión, interacción, conducta en situaciones de comunicación

Subjetivo

Albert Bandura, Charles R. Berger & Richard J. Calabrese,
Carl Hovland,
Marshall Scott Poole

 Socio-

cultural

Proceso simbólico que reproduce patrones socioculturales compartidos

Objetivo

Peter L. Berger, Deborah Cameron, Thomas Luckmann, George Herbert Mead, Mark Poster, James R. Taylor

  Crítico

Reflexión discursiva

Subjetivo/ Objetivo

Theodor W. Adorno, Stanley A. Deetz,  Jürgen Habermas, Max Horkheimer, Sue Curry Jansen

  
Tabla 1: Una tipología de teorías de la comunicación

La tabla 1 muestra que los estudios críticos de comunicación se caracterizan primariamente por su perspectiva de cambio radical, esto es, el análisis de cómo la comunicación contribuye a la dominación y cómo encontrar modos de comunicación sin dominación en una sociedad participativa. Esto también significa que son planteamientos subjetivos, objetivos y dialécticos subjetivo-objetivo. Craig menciona varias propuestas que cruzan los límites y que pueden considerarse como intentos de combinar varios de los cuatro campos señalados en la tabla 1: Kennth Burke, David S. Kaufer y Kathleen M. Carley (retórica-semiótica); Briankle Chang, Richard L. Lanigan (fenomenología-semiótica), David S. Kaufer y Brian S. Butler (cibernética-retórica), Klaus Krippendorff (cibernética-fenomenología), John C. Heritage, Gerald T. Schoening y James A. Anderson (estudios socioculturales-fenomenología-semiótica), W. Barnett Pearce (estudios socioculturales-retórica-cibernética), Rayme McKerrow (estudios críticos– retórica), Robert Hodge y Gunter Kress, Norbert Fairclough (estudios críticos-semiótica).
Para Craig, la característica que distingue los estudios críticos de comunicación de los retóricos, semióticos, fenomenológicos, cibernéticos, sociopsicológicos, y socioculturales es que para “la teoría crítica de la comunicación el fundamental ‘problema de comunicación’ en la sociedad surge de fuerzas materiales e ideológicas que impiden o distorsionan la reflexión discursiva. (..) Fundamentalmente en la tradición de Marx, lo fundamental no es entender el mundo (…) sino cambiarlo mediante la praxis, o la acción social reflexiva” (Craig 1999, 147f). Craig elabora las propiedades específicas de los estudios críticos y otras tradiciones en los estudios de comunicación. Sin embargo, añado a la contribución de Craig que en los estudios críticos de comunicación no sólo se trata de analizar qué condiciones distorsionan la comunicación, esto es, modos como la comunicación está inscrita en relaciones de dominación, sino también se trata de encontrar condiciones alternativas para la sociedad y la comunicación, que procedan de forma no dominadora y sobre las luchas para establecer tales alternativas. Craig argumenta que “la teoría de la comunicación no ha emergido aún como un campo coherente de estudio” y que esta fragmentación puede superarse mediante la construcción de “una matriz disciplinar dialógica-dialéctica” (Craig 1999, 120) que haga possible la emergencia de una comunidad conversacional, “una conciencia común de ciertas complementariedades y tensiones entre diferentes tipos de teoría de la comunicación, de manera que es habitualmente entendido que éstos diferentes tipos de teoría no pueden desarrollarse legítimamente en total aislamiento mutuo, sino entrar en discusión” (Craig, 1999, 124). Lo mismo cabe decir de los estudios críticos de comunicación, como un subcampo de los estudios de comunicación: Una matriz disciplinaria de estudios críticos sobre la comunicación puede favorecer el diálogo entre varios subcampos, como teoría crítica, economía política crítica, estudios culturales, teoría feminista, teoría postcolonial, teoría queer y nuevos movimientos sociales en los estudios críticos sobre comunicación. De este modo emergerán tanto las asunciones comunes como las diferencias entre lo que significa desarrollar estudios críticos de comunicación.

Fuchs (2010) identifica diferentes tipos de teorías críticas de medios, información y comunicación (ver tabla 2). Aquellas aproximaciones que ven los medios, la  información y la comunicación primariamente en contextos represivos pueden ser consideradas como más estructuralistas-objetivistas, concentrándose en cómo las estructuras de los medios dan forma negativamente a los humanos y a la sociedad. Aquellas aproximaciones que ven los medios, la información y la comunicación primariamente como formas potenciales de liberación pueden considerarse tratamientos más humanista-subjetivista, concentrándose en cómo los medios facilitan positivamente la participación humana y su liberación. Las propuestas integradoras intentan borrar las fronteras entre las teorías subjetivas y objetivas. 
  

 

Esfera de producción

Esfera de circulación

Consumo

Hipótesis de represión

Hipótesis de la mercancía:

Medios como mercancías para la acumulación de capital

 

Hipótesis de repression

 

Manipulation- and Ideology Hypothesis:

Medios como instrumentos de manipulación para favorecer  ideológicamente intereses de clase

Hipótesis de emancipación

Hipótesis de los medios alternativos:

Medios como esferas de producción local y circulación de contenido alternativo

Hipótesis de recepción:

Recepción de los medios como proceso contradictorio que implica prácticas opositoras

Unificación

Teorías críticas de medios integradoras

Tabla 2: Una tipología de teorías críticas de medios


Los defensores de la hipótesis mercantil entienden que los medios no son primariamente instrumentos de manipulación, sino esferas de acumulación de capital. La idea básica que subyace las hipótesis de la manipulación y la ideología es que los medios se usan como medios para manejar a la población, defender ideologías, impedir transformaciones sociales, crear falsa conciencia, falsas necesidades y un universo unidimensional de pensamiento, lenguaje y acción. Los investigadores que argumentan que hay modos alternativos de hacer y construir medios a favor de fines críticos y apoyando prácticas participativas en los medios, defienden la hipótesis de medios alternativos. Tales planteamientos tienen una orientación fuertemente subjetiva. Los defensores de la hipótesis de recepción entienden que ésta es un proceso complejo y antagónico que aporta potenciales para interpretaciones y acciones opositoras. Los representantes más prominentes de esta hipótesis pueden encontrarse en los estudios culturales. Las limitaciones de las aproximaciones críticas existentes pueden superarse por teorías/estudios críticos de carácter integrador y dialéctico, que intentan unificar algunos o todos los niveles de estudios críticos de medios. Podemos identificar algunos de los planteamientos existentes que apuntan en esta dirección. Integración y unificación no significan que se abole la diferencia a expensas de la identidad. Más bien significa una superación dialéctica hegeliana (Aufhebung), en la que se preservan elementos previos elevándose a un nuevo nivel. Emergen nuevas cualidades por la integración de momentos previos. Tal integración dialéctica es una unidad diferenciada basada en el principio de unidad en la diversidad. Se trata de una relación dialéctica de identidad y diferencia. Fuchs (2010) menciona los siguientes ejemplos de teorías críticas integradoras de medios: Robert McChesney, Stuart Hall, Douglas Kellner, Shane Gunster, Vilém Flusser, Herbert Marcuse. Estas teorías vincularían ciertas hipótesis de los estudios críticos de medios e información y los unificarían en mayor o menor grado, pero careciendo de una síntesis general.
Una de las razones por las que la teoría crítica es importante para analizar los medios, la tecnología y la información, es que permite preguntar y ofrecer alternativas al determinismo tecnológico y explicar la relación causal de medios y tecnologías por un lado y sociedad en el otro, de un modo equilibrado que evita la unidimensionalidad y la parcialidad. El determinismo tecnológico (ver figura 3) es un tipo de explicación de la relación causal de medios/tecnología con la sociedad, asumiendo que determinados medios o tecnologías tienen exactamente un efecto específico en la sociedad y los sistemas sociales. Cuando este efecto se evalúa positivamente, podemos hablar de tecno-optimismo, y en caso contrario de tecno-pesimismo. Ambos tecno-optimismo y tecno-pesimismo son las dimensiones normativas del determinismo tecnológico.
Una teoría crítica de los medios y la tecnología está basada en el razonamiento dialéctico. Esto permite ver la relación causal de los medios/tecnología y la sociedad de modo multidimensional y complejo: una tecnología o medio específico tiene múltiples efectos potenciales en la sociedad y sistemas sociales, efectos que pueden coexistir o contradecirse entre ellos. Qué potenciales se realicen depende de cómo la sociedad, los intereses, las estructuras de poder, y los conflictos dan forma al diseño y uso de la tecnología en múltiples sentidos que también son potencialmente contradictorios. 
Figura 3: Determinismo tecnológico/mediático y dialéctica tecnología/medios
 
Andrew Feenberg argumenta en su teoría crítica de la tecnología que ésta es un proceso ambivalente: “La teoría crítica defiende que la tecnología no es una cosa en el sentido ordinario del término, sino un proceso ‘ambivalente’ de desarrollo suspendido entre diferentes posibilidades. Esta ambivalencia de la tecnología se distingue de la mera neutralidad por el papel que le atribuye valores sociales en el diseño, y no sólo el uso de sistemas técnicos. Desde este punto de vista, la tecnología no es un destino sino el escenario de una lucha. Es un campo de batalla social, o tal vez una mejor metáfora sea un ‘parlamento de cosas’ en el que pugnan alternativas civilizatorias. (…) La teoría crítica mantiene que puede haber al menos dos civilizaciones modernas basadas en distintos caminos de desarrollo técnico. (…) Las tecnologías se corresponden con diferentes civilizaciones que coexisten conflictivamente en nuestra sociedad” (Feenberg 2002: 15). “En suma, la tecnología moderna abre un espacio en el que la acción puede funcionalizarse en uno y otro de dos sistemas sociales, capitalismo o socialismo. Es un sistema ambivalente o ‘multiestable’ que puede organizarse alrededor de al menos dos hegemonías, dos polos de poder entre los que puede ‘inclinarse’” (Feenberg 2002: 87). “El desarrollo tecnológico está sobredeterminado tanto por criterios de progreso técnicos como sociales, y en consecuencia puede dividirse en direcciones diversas dependiendo de la hegemonía prevalente. (…) Mientras que las instituciones sociales se adaptan al desarrollo tecnológico, el proceso de adaptación es recíproco, y la tecnología cambia en respuesta a las condiciones en las que se encuentra, tanto como ella las influye” (Feenberg 2002: 143). Feenberg dice que la teoría crítica de la tecnología es una teoría dialéctica de la tecnología (Feenberg 2002: 176-183). Su objetivo es la transfromación de la tecnología “de la reificación a la reintegración” (Feenberg 2002: 183).

La teoría crítica de Feenberg cuestiona el determinismo tecnológico que define como “el supuesto determinista de que la tecnología tiene su propia lógica autónoma de desarrollo. De acuerdo a esa visión, la tecnología es un elemento invariante que, una vez introducido, se impone al sistema social receptor. (…) El determinismo está basado en las siguientes dos tesis: 1. El patrón del progreso tecnológico está fijado, moviéndose en el mismo carril en todas las sociedades. Aunque factores políticos, culturales, y otros pueden influenciar el ritmo del cambio, no pueden alterar la línea general de desarrollo que refleja la lógica autónoma de descubrimiento. 2. La organización social debe adaptarse al progreso técnico en cada fase de su desarrollo, de acuerdo a los requisitos ‘imperativos’ de la tecnología. La adaptación ejecuta una necesidad técnica subyacente. (…) La tecnología se presenta como una aplicación de las leyes de la naturaleza a problemas de producción, tan independiente de la voluntad humana como los movimientos de los cuerpos celestes” (Feenberg 2002: 138f).
La teoría crítica dialéctica de la tecnología está fundada en la obra de Karl Marx, que dijo que la tecnología tiene potenciales contradictorios y que bajo el capitalismo predominan los negativos: “Las contradicciones y antagonismos inseparables de la aplicación capitalista de la maquinaria no existen, dicen, ¡porque no surgen de la maquinaria como tal, sino sólo de sus aplicaciones capitalistas! Por tanto, puesto que la maquinaria misma acorta las horas de trabajo, aunque cuando la emplea el capital las alarga; pues ella misma aligera el trabajo, pero aumenta su intensidad; pues en sí misma es una victoria del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza, pero en las manos del capital hace al hombre esclavo de esas fuerzas; pues en sí misma aumenta la riqueza de la economía burguesa, y la pura contemplación de la maquinaria en sí misma demuestra que todas estas contradicciones evidentes y presentes en la realidad cotidiana, no lo son en sí mismas, y por tanto tampoco tienen existencia teórica. Así la economía burguesa deja de romperse la cabeza más y afirma que su oponente es culpable de la estupidez de luchar, no contra la aplicación capitalista de la maquinaria, sino contra la maquinaria misma” (Marx 1867: 568f). También Herbert Marcuse es un representante de una teoría dialéctica crítica de la tecnología, que identifica potenciales contradictorios en la tecnología: “La técnica por sí misma puede promover el autoritarismo tanto como la libertad, la escasez tanto como la abundancia, la extensión tanto como la abolición de la herramienta” (Marcuse 1941: 41).

En los últimos años se ha subrayado la posibilidad de combinar la teoría crítica y la ciencia de la información (Day 2001, 2005, 2007, Fuchs 2008b). Ronald E. Day argumenta que la ciencia de la información ha tratado la información principalmente como una “noción reificada y mercantilizada” (Day 2001: 120). “La voluntad de la investigación sobre información para realmente crear una cultura de la información y la comunicación en términos de los intereses y poderes sociales e históricos es evidente para cualquiera que eche una ojeada a las revistas sobre gestión de la información o estudios informacionales o en artículos políticos. Junto con la tendencia dominante de tal investigación, para ser ‘práctica’ al servicio de organizaciones profesionales y negocios, así como en el servicio de proyectos militares o industriales de investigación, la investigación en información evita cualquier compromiso crítico, así como obvia análisis fundacionales, cualitativos o materialistas, especialmente si emplea un vocabulario que parezca ‘pretencioso’, ‘político’ o ‘extranjero’, y menos aún análisis filosófico o marxista” (Day 2001: 116f). Day entiende la teoría crítica en un sentido muy general como “la obtención de conceptos en relación crítica e interruptora con los fundamentos conceptuales de las prácticas comúnmente aceptadas” (Day 2001: 116). El problema con ésta definición contextual de teoría crítica es que es puramente contextual: si el socialismo se convirtiera en una práctica comúnmente aceptada, la teoría de derechas se convertirá en teoría “crítica”. Por consiguiente hace falta añadir cualidades adicionales para definir la teoría crítica. Una teoría crítica de la información en la actualidad examina el contexto “institucional, político y social” de la información y sus “relaciones reflexivas con fuerzas materiales y producciones” (Day 2001: 118). Day (2007) argumenta que Rob Kling por una parte comprendió la Informática Social como la investigación empírica que desarrolla asociaciones positivistas, pero por otra parte intentó deconstruir la ideología del determinismo tecnológico. La informática social sería por tanto “’crítica’ del discurso ‘acrítico’ sobre los valores sociales y usos de los ordenadores/TI/TICs” (Day 2007: 578). Concluye que “el corazón de la concepción de Kling de la informática social fue informática crítica, y que la clave para la informática crítica fueron las aportaciones que eran una minoría en la obra general de Kling” (Day 2007: 582).

Ajit K. Pyati (2006) sugiere que los estudios críticos sobre información deben basarse en una infusión Marcuseana, porque su noción de racionalidad tecnológica permite explicar porqué la información se trata principalmente como una mercancía y una cosa en la sociedad contemporánea y en los estudios de biblioteconomía e información. La noción de Marcuse de uni-dimensionalidad permitiría deconstruir el discurso neoliberal que argumenta a favor de considerar ideológica la privatización y mercantilización de la información y las bibliotecas. “Una sociedad de la información que se asocie al tecno-capitalismo, neo-liberalismo, e ideologías de desregulación puede en último término minar las bases de la misión de servicio público de las bibliotecas. En cierto sentido, las bibliotecas con mandatos de servicio público (particularmente públicas y ciertas bibliotecas académicas) actúan en cierto modo como ‘espacios anti-capitalistas’ y tienen el potencial de alterar la forma de la sociedad de la información de una manera más radical, democrática, culturalmente incluyente y progresiva. (…) El discurso de las TICs no tiene que ser necesariamente parte de un mercado libre, ideología capitalista, sino que puede servir a fines más radicalmente democráticos, particularmente democratizando el acceso a la información y el conocimiento. Las bibliotecas, al convertirse en desarrolladores activos y dadores de forma a las TICs para fines democráticos y progresivos, pueden ayudar a combatir contra la visión hegemónica de la sociedad de la información” (Pyati 2006: 88).

Christian Fuchs (2008a, b, 2009) ha argumentado que los estudios críticos sobre información debieran ser concebidos dentro del marco de la teoría marxista (es decir, la crítica de la economía política, compárese también el planteamiento “Ciber-Marx” de Nick Dyer-Witheford 1999) y una noción amplia de una teoría crítica de los medios, la información, la comunicación, la tecnología y la cultura. La tarea es analizar la dominación y el capitalismo como el contexto de la información y los medios en la sociedad actual, y dar impulso intelectual a la búsqueda de modos alternativos de información y medios que trabajen fuera del capitalismo y la dominación. Fuchs sugiere que este planteamiento permite construir una teoría crítica de internet/TICs y sociedad (Fuchs 2008a, 2009) y una teoría crítica de la información (2009a). Una noción objetivista de información es para Fuchs una ideología que conduce a la mercantilización de la información. Si la información se ve como cosa, entonces es obvio que se trate como una mercancía. Pero también las nociones subjetivistas de información son ideologías para Fuchs: si el conocimiento se considera de creación individual, entonces puede legitimarse fácilmente la convocatoria de derechos de propiedad intelectual que aseguran que el conocimiento se trate como una mercancía vendida en los mercados para generar beneficio. Al final, las nociones subjetivistas de información muestran ser ideologías que legitiman la propiedad privada y la forma mercantilista de información. La alternativa es considerar la información como un proceso dialéctico que establece una interconexión de sujetos y objetos via un proceso triple de cognición, comunicación y cooperación.
 
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