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Sorpresa || Surprise

Artículo
   
 Editor
Vázquez, Margarita  mvazquez@ull.es
 Contribuciones incorporadas
M. Vázquez (10/12/09)
 Ámbito de uso
transdisciplinar, epistemología, comportamiento
 Tipo
concepto
 Francés
surprise
 Alemán Befremden, Überraschung
 

La sorpresa puede ser intuitivamente caracterizada como un estado epistémico provocado por la no satisfacción de una expectativa. Para que se dé propiamente un estado de sorpresa es necesario que exista previamente un trasfondo de expectativas y que tales expectativas no se cumplan. Incluso bastaría aquí la expectativa general e implícita de no encontrar nada que llame la atención. El concepto ordinario de sorpresa implica, por tanto, la noción de expectativa y también algo capaz de provocar la no satisfacción de las expectativas (puede ser un hecho, una información, etc.).

 

El concepto ordinario de sorpresa admite grados. Puede darse una mayor o menor sorpresa. Este rasgo es muy importante. La intensidad de la sorpresa estaría determinada por lo intensas que puedan ser las expectativas que no se satisfacen.

 

Otro importante rasgo se desprendería del hecho de que las expectativas de un sujeto cambien con el tiempo. La sorpresa no es un estado duradero, no puede mantenerse durante mucho tiempo. Dicho de modo más preciso, la capacidad de sorpresa es inversamente proporcional a la capacidad del sujeto para habituarse a situaciones inesperadas generando nuevas expectativas respecto a ellas.

 

Parte del concepto ordinario de sorpresa que acabamos de describir puede ser analizado en términos de probabilidades. Si utilizamos el espacio de probabilidades entre 0 y 1 como una medida de las expectativas que los sujetos pueden tener respecto de un estado de cosas p, entonces podemos representar los diferentes estados de sorpresa del siguiente modo: prob(p)=1 permitiría representar el estado epistémico en el que el darse p no produciría sorpresa alguna (p sería un suceso considerado “seguro”), prob(p)=0  permitiría representar el estado epistémico en el que el darse p produciría una sorpresa máxima (p sería un suceso considerado “imposible”) y 0<prob(p)<1 permitiría representar todos los restantes estados intermedios de sorpresa.

 

La sorpresa formaría parte de los sistemas de alerta que permiten que un sujeto responda de manera eficiente a cambios en su entorno. Por ello, la sorpresa es un estado epistémico estrechamente conectado con nuestros deseos, emociones, preferencias, etc., y en último término se vincula con nuestra acción. Ciertamente, la sorpresa es un potente generador de cambios en nuestras creencias. Pero la sorpresa puede también generar de manera muy automática y directa respuestas conductuales, sin que se requieran modificaciones previas en los sistemas de creencias. No existe actualmente ningún análisis detallado y profundo de la sorpresa, ni filosófico ni científico, pero no hay duda de que la sorpresa está en el centro mismo de nuestras capacidades cognitivas y prácticas.  


La sorpresa ha sido también discutida en filosofía con relación a la paradoja del examen sorpresa (también conocida como paradoja del ahorcamiento inesperado), donde la paradoja surge de anunciar una sorpresa en un periodo de tiempo determinado (por ejemplo, la próxima semana habrá un examen sorpresa).

 
Referencias 
  • DRETSKE, F.I. (1981). Knowledge and the flow of information. Cambridge, MA: MIT Press.
  • HALL, N. (1999). How To Set A Surprise Exam. Mind, 108, 647-703.
  • SHANNON, C.E. Y WEAVER, W. (1949). The Mathematical Theory of Communication. Urbana: University of Illinois Press.
 
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M. Vázquez (10/12/09)
 
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