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Fotoblogs y Adolescentes || Fotoblogs and Adolescents

Artículo
 
 Editor
Lydia Sánchez lsanchezg@ub.edu
 Contribuciones incorporadas
Silvia Burset (09/2009), J.M. Díaz Nafría (04/2009)
 Ámbito de uso
Sociedad de la información, TIC
 Tipo
problema
 Francés
fotoblog et les adolescents
 Alemán Fotoblogs und Jugendliche
 

Los adolescentes han crecido en una sociedad de la información en la que no han tenido que “instruirse” para entender y manejar las normas de uso de la red, sino que, más bien, las han desarrollado y adaptado a sus necesidades. De hecho, los jóvenes actuales no usan la expresión “nuevas tecnologías” cuando hablan de aspectos relacionados con la informática; la red no les supone una novedad.

 

Los nuevos medios de comunicación facilitan a los adolescentes un contexto en el que crear signos de identidad. La mayoría de los adultos desconocen las estrategias, usos y códigos propios de los chats, el messenger, los SMS de los teléfonos móviles o los blogs que los jóvenes utilizan de manera rutinaria y recurrente en sus vidas cotidianas, de tal manera que estos medios no es que formen parte de sus vidas, sino que manejarlos constituye una forma de vida. Son medios que no sólo informan a los usuarios que navegan por la red sino que los forman, incitándoles a crear estrategias y actitudes para comunicarse con sus pares desde diferentes contextos virtuales.

 

A partir de estos modos de comunicación, el adolescente está proyectando una imagen de él mismo que no sólo desvela su personalidad, su carácter, lo que siente, lo que le gusta, sino que refleja lo que le gustaría ser. Así, el fotoblog es un espacio donde se establecen vínculos con el grupo al que el adolescente quiere pertenecer y con el que quiere relacionarse, con esta intención va creando y configurando su identidad. La interacción entre sujetos de intereses, edades y gustos parecidos propicia la construcción del Yo a través de la imagen, de la interfaz. De este modo, el fotoblog se convierte en un espacio de socialización.

 

El adolescente, a través del discurso que hace en el fotoblog, crea una narrativa, una narrativa entendida como un instrumento mental en la construcción de la realidad. Los seres humanos buscamos dar sentido a nuestras experiencias a través de un proceso de construcción mediante un lenguaje que podamos entender nosotros mismos y los demás. Un lenguaje que puede ser oral, textual, corporal o visual. Siguiendo a Bruner, diremos que la interpretación que damos a nuestra experiencia y a la de los demás depende de los significados públicos y compartidos en nuestra interacción como participantes de una cultura. Actualmente, se trata de una cultura en la que conviven dos generaciones bien diferenciadas, la que ha crecido con los ordenadores y la que ha tenido que habituarse a ellos. Los más jóvenes han adaptado los medios informáticos a sus intereses, mientras que sus predecesores, más bien, se han adaptado a ellos.

 

Vivimos en una sociedad de la información y el conocimiento donde convergen y divergen intereses de distintos grupos de edad, clase social, aficiones, ideas, género… Los medios exponen, con más claridad, las características de cada agrupación. Roxana Morduchowicz (2004) dice que los medios de comunicación construyen mitos e historias a través de los que los individuos constituimos una cultura común. Así, las identidades de los jóvenes se trazan en la intersección del texto escrito, la imagen electrónica y la cultura popular. Cierto es que vivimos en un entorno donde la cultura de la que participamos se define por su pluralidad de culturas, y con esta afirmación no nos referimos a la realidad del fenómeno de la inmigración, sino a la multiplicidad de subculturas[1], como las manifestadas por los intereses propios de los adolescentes.

 

El uso que hace el adolescente del fotoblog pone en evidencia de qué manera ha cambiado la relación usuario-medio a partir de los cambios introducidos por Internet y los procesos de digitalización. Si los primeros modelos teóricos de la comunicación de masas concebían esta relación como unidireccional y lineal, las teorías más actuales enfatizan el papel activo del receptor. Así, hemos pasado de la preocupación central de las teorías que conformaban lo que se conoce como el Paradigma dominante entorno a la cuestión de cómo influyen los medios, a la preocupación por “¿qué hace la gente con los medios?”, o incluso yendo más allá: “¿qué medios hace la gente?”.

 

Los usuarios actuales no sólo utilizan activamente los medios con la finalidad de satisfacer necesidades psicológicas o afectivas, tal y como la Teoría de los usos y las gratificaciones subrayaba, sino que además, se han convertido en productores de medios y contenidos audiovisuales. El cambio producido no reside sólo, ni de manera primordial, en la innovación tecnológica per se, sino en la creación de nuevas prácticas comunicativas reconocidas socialmente (Ver el capítulo “Las industrias audiovisuales y los nuevos medios” en Duran y Sánhez 2008). Desde nuestro punto de vista, el uso que los adolescentes hacen del fotoblog evidencia este punto de inflexión que han generado las nuevas tecnologías. Es justamente este aspecto el que queremos mostrar cuando caracterizamos al fotoblog como un espacio de creación simbólico a través del cual el adolescente se construye como sujeto a partir de la interacción con los demás y mediante el uso estético de la imagen.

 

Los adolescentes utilizan, por tanto, el fotoblog con la intención de crear nuevos protocolos comunicativos que les permitan expresarse no como consumidores, sino como creadores. Para ellos, se trata de un espacio que va más allá de poner fotografías y comentarios para ser un “ambiente” que evidencia las relaciones, estados de ánimo, gustos, intereses, etc., integrados en su vida cotidiana. Un “ambiente”, que potencia la creatividad del sujeto a partir del entretenimiento, ya sea en la búsqueda o realización de las imágenes más adecuadas o en la formalización original de los escritos en pantalla.  La particularidad de los fotoblogs es la de comunicarse a partir de lo que se ve. Todo ello para erigirse como una señal de identidad del grupo al que el adolescente quiere pertenecer. Decimos quiere porque en cada actualización está construyendo su identidad al comunicarse con sus pares. Marc Augé afirma que los seres individuales no adquieren existencia más que a través de la relación que los une (Augé 1996). En el caso del fotoblog, éste es un entorno que tiene el adolescente para relacionarse, con unas normas de uso que aunque no están explícitamente codificadas, se adivinan al estudiar las diferentes formas de representación.

 

Por otra parte, los mensajes que construyen los adolescentes en los fotoblogs no pueden ser traducidos a otra forma de comunicación puesto que el medio ofrece recursos y estrategias propias, donde los sujetos pueden relacionar ideas o sensaciones y representarlas de manera gráfica a través de las formalizaciones en pantalla.

 

En el fotoblog, la elección de las imágenes combinada con los textos escritos de manera peculiar constituyen un nuevo modo de relacionarse para expresar, denunciar, preguntar o responder y no puede ser traducido a otro modo de comunicación porque la naturaleza del medio facilita un tipo de discurso difícilmente traducible al lenguaje oral e incluso gestual. Quizás podemos considerar a este medio una de esas extensiones del cuerpo de las que hablaba McLuhan (1996); el fotoblog no es sólo un medio de comunicación sino que se vislumbra como una nueva manera de relacionarse entre las mismas personas que conviven en otros contextos.

 

El uso del fotoblog añade estrategias y formas de comunicación que lo definen como un contexto para expresar sentimientos o ideas a través de formas visuales que determinan la naturaleza del mensaje, el cual, en consecuencia, no podría ser gestado de otra manera para obtener la misma reacción en el receptor. En la edición de esas formas visuales existe una intencionalidad estética y decorativa que forma parte del contenido del mensaje. La formalización de los escritos, junto a las imágenes propiamente dichas, da un nuevo sentido comunicativo a las palabras leídas.

 

Este artículo no pretende hacer juicios de valor respecto al uso del fotoblog por parte de los adolescentes. Sólo quiere presentar una realidad social y apuntar algunos aspectos que reflejan la llamada brecha generacional digital. Carles Feixa, entre otros autores, habla de las generaciones ac (after computer) y bc (before computer). Si en tiempos pasados las brechas generacionales venían marcadas por acontecimientos históricos o rupturas musicales, en la actualidad son los medios digitales los que marcan la distancia entre las generaciones.

 

La cuestión es que los jóvenes que han crecido y crecen  en entornos digitales no son sólo más hábiles y eficaces que sus padres en el manejo de los mismos, sino que también se muestran diferentes en sus modos de acceder a la información y a la comunicación en general. La diferencia no sólo está en que una generación se muestra más pasiva y otra apuesta por la interactividad, sino en que los procesos están cambiando las estructuras y esquemas cognitivos tradicionales.

 

Incidiendo en el párrafo anterior en que hablábamos de la teoría de los Usos y las gratificaciones, diremos que quien define al medio es el usuario. Por ejemplo, el uso del teléfono móvil que hacen los adolescentes y el que hacen sus padres nos puede parecer que se trata de un artefacto diferente. Mientras los primeros se encuentran siempre conectados a través de escuetos y particularizados mensajes triviales o de instantáneas fotográficas, los adultos, simplemente, trasladan las rutinas propias del teléfono fijo.

 

En el caso de la red ocurre lo mismo. Vilches nos habla de “emigrantes del espacio que reivindican el derecho a vivir en el territorio de una civilización conectada” (2001:36). Esto  supone un cambio de paradigma en las relaciones y en la construcción de lo social. Psicólogos y sociólogos estudian las consecuencias que pueden acarrear estar continuamente “conectados”. Sin embargo, cabe decir que todo cambio o ruptura siempre produce argumentaciones favorables y en contra. Y hay que decir que ahora en lo que se refiere al uso que hacen los jóvenes del ordenador estamos asistiendo a lo que en su momento ocurrió con la televisión.


Sin embargo, considerando los puntos de vista más extremistas e incluso catastrofistas, los antes jóvenes embobados ante el televisor y los actuales abducidos por la comunicación a través del messenger mantienen una diferencia fundamental que al principio apuntábamos; mientras que los primeros eran pasivos, los segundos actúan y crean.


En esta llamada sociedad globalizada e inmersos en lo que Toffler llamó Tercera ola se han ido creando nuevos sistemas de símbolos y códigos propiciados por una cuestión fundamental: el uso de la imagen. Los jóvenes reciben y envían consignas y mensajes a través de medios visuales. El fotoblog es uno de estos espacios en los que la imagen se convierte en un nuevo modo comunicativo. Y no nos estamos refiriendo sólo a imágenes icónicas propiamente dichas sino también a las múltiples formas de producción de los textos escritos que se visualizan en la interfaz. Tales “producciones”, en muchos casos, resultan incomprensibles e incluso insulsas para los adultos, pero quizás cabría preguntarse cómo eran aquellos cuadernos o diarios espiralados que escribían y dibujaban cuando eran adolescentes; cómo los ven ahora y cómo los “sentían” en su momento. Los referentes y arquetipos eran otros pero la necesidad propia de la edad de “construir el yo” era la misma.

 

Otro matiz es la de considerar estos espacios como una expresión más de cultura mercantilista y poco comprometida, plena de banalidades; no obstante, hay que decir, de nuevo, que es el usuario el que hace el medio. Existen en la red múltiples proyectos colectivos de cariz altruista, creativo o simplemente informativo inducido por jóvenes navegantes que, precisamente, huyen de los sistemas de abuso y de poder económico en la que se encuentran inmersos.

 

En conclusión el uso que hacen los adolescentes del fotoblog forma parte de los diferentes elementos y acciones que ayudan a construir formas simbólicas para dar sentido a la experiencia propia y a la relación con el entorno. Los jóvenes sujetos, simplemente, aprovechan los medios digitales para adaptarlos a sus intereses y necesidades. Un espacio que en un principio se pensó para “colgar” fotos de aficionados se ha convertido en un contexto donde se intercambian opiniones e incluso deseos…



[1] Entendemos el término subcultura como aquella manifestación que emerge de una cultura institucionalizada ya sea por contraposición, renovación, adición, transformación, transgresión o cualquier otra acción que la diferencie de la cultura dominante.

 

Referencias 
  • AUGÉ, M. (1996). El sentido de los otros, Barcelona: Paidós. Pág. 24.
  • DURAN, J. y SÁNCHEZ, L. (2008). Industrias de la comunicación audiovisual. Barcelona: Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona. Col. Comunicación activa.
  • FEIXA, C. (2006). De jóvenes, bandas y tribus. Barcelona: Ariel.
  • GIDDENS, A. (1997). Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea. Barcelona: Península.
  • GOFFMAN, E. (1971). La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu.
  • GONZALES, A.L. y HANCOCK, J. (2008) “Identity Shift in Computer-Mediated Environments”. En Media Psychology 11, 167-185. Routledge.
  • LÓPEZ GARCÍA, G. (2005). Modelos de comunicación en Internet. Valencia: Tirant lo Blanch.
  • JENKINS, H. (2008). Convergente culture: La cultura de la convergencia de los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.
  • MCLUHAN, M. (1996). Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós.
  • MORDUCHOWICZ, R. (2004). El capital cultural de los jóvenes. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  • MURRAY, J. H. (1999). Hamlet en la holocubierta. El futuro de la narrativa en el ciberespacio. Barcelona: Paidós.
  • RODRIGO, M. (2001). Teorías de la comunicación. Ámbitos, métodos y perspectivas. Zaragoza: UAB, U. Jaume I, U. Pompeu Fabra, U. Valencia.
  • RODRIGUEZ, F. (2002). Comunicación y cultura juvenil. Barcelona: Ariel.
  • THOMPSON, J. (1998). Los media y la modernidad. Una teoría de los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.
  • TURKLE, S. (1997). La vida en la pantalla. La construcción de la identidad en la era de Internet. Barcelona: Paidós.
  • WOOLGAR, S. (2005). ¿Sociedad virtual? Tecnología, “cibérbole”, realidad. Barcelona: UOC.
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Sílvia Burset (30/09/2009)
 

Los adolescentes han crecido en una sociedad de la información en la que no han tenido que “instruirse” para entender y manejar las normas de uso de la red, sino que, más bien, las han desarrollado y adaptado a sus necesidades. De hecho, los jóvenes actuales no usan la expresión “nuevas tecnologías” cuando hablan de aspectos relacionados con la informática; la red no les supone una novedad.

 

Los nuevos medios de comunicación facilitan a los adolescentes un contexto en el que crear signos de identidad. La mayoría de los adultos desconocen las estrategias, usos y códigos propios de los chats, el messenger, los SMS de los teléfonos móviles o los blogs que los jóvenes utilizan de manera rutinaria y recurrente en sus vidas cotidianas, de tal manera que estos medios no es que formen parte de sus vidas, sino que manejarlos constituye una forma de vida. Son medios que no sólo informan a los usuarios que navegan por la red sino que los forman, incitándoles a crear estrategias y actitudes para comunicarse con sus pares desde diferentes contextos virtuales.

 

A partir de estos modos de comunicación, el adolescente está proyectando una imagen de él mismo que no sólo desvela su personalidad, su carácter, lo que siente, lo que le gusta, sino que refleja lo que le gustaría ser. Así, el fotoblog es un espacio donde se establecen vínculos con el grupo al que el adolescente quiere pertenecer y con el que quiere relacionarse, con esta intención va creando y configurando su identidad. La interacción entre sujetos de intereses, edades y gustos parecidos propicia la construcción del Yo a través de la imagen, de la interfaz. De este modo, el fotoblog se convierte en un espacio de socialización.

 

El adolescente, a través del discurso que hace en el fotoblog, crea una narrativa, una narrativa entendida como un instrumento mental en la construcción de la realidad. Los seres humanos buscamos dar sentido a nuestras experiencias a través de un proceso de construcción mediante un lenguaje que podamos entender nosotros mismos y los demás. Un lenguaje que puede ser oral, textual, corporal o visual. Siguiendo a Bruner, diremos que la interpretación que damos a nuestra experiencia y a la de los demás depende de los significados públicos y compartidos en nuestra interacción como participantes de una cultura. Actualmente, una cultura en la que conviven dos generaciones, la que ha crecido con los ordenadores y la que ha tenido que habituarse a ellos. Los más jóvenes han adaptado los medios informáticos a sus intereses, mientras que sus predecesores, más bien, se han adaptado a ellos.

 

Vivimos en una sociedad de la información y el conocimiento donde convergen y divergen intereses de distintos grupos de edad, clase social, aficiones, ideas, género…Los medios exponen, con más claridad, las características de cada agrupación. Roxana Morduchowicz dice que los medios de comunicación construyen mitos e historias a través de los que los individuos constituimos una cultura común. Así, las identidades de los jóvenes se trazan en la intersección del texto escrito, la imagen electrónica y la cultura popular[1]. Cierto es que vivimos en un entorno donde la cultura de la que participamos se define por su pluralidad de culturas, y con esta afirmación no nos referimos a la realidad del fenómeno de la inmigración, sino a la multiplicidad de subculturas[2] , como las manifestadas por los intereses propios de los adolescentes.

 

El uso que hace el adolescente del fotoblog pone en evidencia de qué manera ha cambiado la relación usuario-medio a partir de los cambios introducidos por Internet y los procesos de digitalización. Si los primeros modelos teóricos de la comunicación de masas concebían esta relación como unidireccional y lineal, las teorías más actuales enfatizan el papel activo del receptor. Así, hemos pasado de la preocupación central de las teorías que conformaban lo que se conoce como el Paradigma dominante entorno a la cuestión de cómo influyen los medios, a la preocupación por “¿qué hace la gente con los medios?”, o incluso yendo más allá: “¿qué medios hace la gente?”.

 

Los usuarios actuales no sólo utilizan activamente los medios con la finalidad de satisfacer necesidades psicológicas o afectivas, tal y como la Teoría de los usos y las gratificaciones subrayaba, sino que además, se han convertido en productores de medios y contenidos audiovisuales. El cambio producido no reside sólo, ni de manera primordial, en la innovación tecnológica per se, sino en la creación de nuevas prácticas comunicativas reconocidas socialmente[3]. Desde nuestro punto de vista, el uso que los adolescentes hacen del fotoblog evidencia este punto de inflexión que han generado las nuevas tecnologías. Es justamente este aspecto el que queremos mostrar cuando caracterizamos al fotoblog como un espacio de creación simbólico a través del cual el adolescente se construye como sujeto a partir de la interacción con los demás y mediante el uso estético de la imagen.

 

Los adolescentes utilizan, por tanto, el fotoblog con la intención de crear nuevos protocolos comunicativos que les permitan expresarse no como consumidores, sino como creadores. Para ellos, se trata de un espacio que va más allá de poner fotografías y comentarios para ser un “ambiente” que evidencia las relaciones, estados de ánimo, gustos, intereses, etc., integrados en su vida cotidiana. Un “ambiente”, que potencia la creatividad del sujeto a partir del entretenimiento, ya sea en la búsqueda o realización de las imágenes más adecuadas o en la formalización original de los escritos en pantalla.  La particularidad de los fotoblogs es la de comunicarse a partir de lo que se ve. Todo ello para erigirse como una señal de identidad del grupo al que el adolescente quiere pertenecer. Decimos quiere porque en cada actualización está construyendo su identidad al comunicarse con sus pares. Marc Augé afirma que los seres individuales no adquieren existencia más que a través de la relación que los une[4]. En el caso del fotoblog, éste es un entorno que tiene el adolescente para relacionarse, con unas normas de uso que aunque no están explícitamente codificadas, se adivinan al estudiar las diferentes formas de representación.

 

Por otra parte, los mensajes que construyen los adolescentes en los fotoblogs no pueden ser traducidos a otra forma de comunicación puesto que el medio ofrece recursos y estrategias propias, donde los sujetos pueden relacionar ideas o sensaciones y representarlas de manera gráfica a través de las formalizaciones en pantalla.

 

En el fotoblog, la elección de las imágenes combinada con los textos escritos de manera peculiar constituyen un nuevo modo de relacionarse para expresar, denunciar, preguntar o responder y no puede ser traducido a otro modo de comunicación porque la naturaleza del medio facilita un tipo de discurso difícilmente traducible al lenguaje oral e incluso gestual. Quizás podemos considerar a este medio una de esas extensiones del cuerpo de las que hablaba McLuhan[5]; el fotoblog no es sólo un medio de comunicación sino que se vislumbra como una nueva manera de relacionarse entre las mismas personas que conviven en otros contextos.

 

El uso del fotoblog añade estrategias y formas de comunicación que lo definen como un contexto para expresar sentimientos o ideas a través de formas visuales que determinan la naturaleza del mensaje, el cual, en consecuencia, no podría ser gestado de otra manera para obtener la misma reacción en el receptor. En la edición de esas formas visuales existe una intencionalidad estética y decorativa que forma parte del contenido del mensaje. La formalización de los escritos, junto a las imágenes propiamente dichas, da un nuevo sentido comunicativo a las palabras leídas.

 

Este artículo no pretende hacer juicios de valor respecto al uso del fotoblog por parte de los adolescentes. Sólo quiere presentar una realidad social y apuntar algunos aspectos que reflejan la llamada brecha generacional digital. Carles Feixa, entre otros autores, habla de las generaciones ac (after computer) y bc (before computer). Si en tiempos pasados las brechas generacionales venían marcadas por acontecimientos históricos o rupturas musicales, en la actualidad son los medios digitales los que marcan la distancia entre las generaciones.

 

La cuestión es que los jóvenes que han crecido y crecen  en entornos digitales no son sólo más hábiles y eficaces que sus padres en el manejo de los mismos, sino que también se muestran diferentes en sus modos de acceder a la información y a la comunicación en general. La diferencia no sólo está en que una generación se muestra más pasiva y otra apuesta por la interactividad, sino en que los procesos están cambiando las estructuras y esquemas cognitivos tradicionales.

 

Incidiendo en el párrafo anterior en que hablábamos de la teoría de los Usos y las gratificaciones, diremos que quien define al medio es el usuario. Por ejemplo, el uso del teléfono móvil que hacen los adolescentes y el que hacen sus padres nos puede parecer que se trata de un artefacto diferente. Mientras los primeros se encuentran siempre conectados a través de escuetos y particularizados mensajes triviales o de instántaneas fotográficas, los adultos, simplemente, trasladan las rutinas propias del teléfono fijo.

 

En el caso de la red ocurre lo mismo. Vilches nos habla de “emigrantes del espacio que reivindican el derecho a vivir en el territorio de una civilización conectada” (2001:36). Esto  supone un cambio de paradigma en las relaciones y en la construcción de lo social. Psicólogos y sociólogos estudian las consecuencias que pueden acarrear estar continuamente “conectados”. Sin embargo, cabe decir que todo cambio o ruptura siempre produce argumentaciones favorables y en contra. Y hay que decir que ahora en lo que se refiere al uso que hacen los jóvenes del ordenador estamos asistiendo a lo que en su momento le pasó a la televisión.

Sin embargo, considerando los puntos de vista más extremistas e incluso catastrofistas, los antes jóvenes embobados ante el televisor y los actuales abducidos por la comunicación a través del messenger mantienen una diferencia fundamental que al principio apuntábamos; mientras que los primeros eran pasivos, los segundos actúan y crean.

 

En esta llamada sociedad globalizada e inmersos en lo que Toffler llamó Tercera ola se han ido creando nuevos sistemas de símbolos y códigos propiciados por una cuestión fundamental: el uso de la imagen. Los jóvenes reciben y envían consignas y mensajes a través de medios visuales. El fotoblog es uno de estos espacios en los que la imagen se convierte en un nuevo modo comunicativo. Y no nos estamos refiriendo sólo a imágenes icónicas propiamente dichas sino también a las múltiples formas de producción de los textos escritos que se visualizan en la interfaz. Tales “producciones”, en muchos casos, resultan incomprensibles e incluso insulsas para los adultos, pero quizás cabría preguntarse cómo eran aquellos cuadernos o diarios espiralados que escribían y dibujaban cuando eran adolescentes; cómo los ven ahora y cómo los “sentían” en su momento. Los referentes y arquetipos eran otros pero la necesidad propia de la edad de “construir el yo” era la misma.

 

Otro matiz es la de considerar estos espacios como una expresión más de cultura mercantilista y poco comprometida, plena de banalidades; no obstante, hay que decir, de nuevo, que es el usuario el que hace el medio. Existen en la red múltiples proyectos colectivos de cariz altruista, creativo o simplemente informativo inducido por jóvenes navegantes que, precisamente, huyen de los sistemas de abuso y de poder económico en la que se encuentran inmersos.

 

Para concluir decir que el uso que hacen los adolescentes del fotoblog forma parte de los diferentes elementos y acciones que ayudan a construir formas simbólicas para dar sentido a la experiencia propia y a la relación con el entorno. Los jóvenes sujetos, simplemente, aprovechan los medios digitales para adaptarlos a sus intereses y necesidades. Un espacio que en un principio se pensó para “colgar” fotos de aficionados se ha convertido en un contexto donde se intercambian opiniones e incluso deseos…



[1] Morduchowicz, R. (2004) El capital cultural de los jóvenes, Buenos Aires: Fondo de Cultura   Económica. Pág. 34.

[2] Entendemos el término subcultura como aquella manifestación que emerge de una cultura institucionalizada ya sea por contraposición, renovación, adición, transformación, transgresión o cualquier otra acción que la diferencie de la cultura dominante.

[3] Ver el capítulo “Las industrias audiovisuales y los nuevos medios” en Industrias de la comunicación audiovisual (2008). Barcelona: Promociones y publicaciones Universitarias.

[4] Augé, M. (1996) El sentido de los otros, Barcelona: Paidós. Pág. 24.

[5] McLuhan, M. (1996) Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano.  Barcelona: Paidós. Pág. 67.

 

 

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