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Emoción || Emotion

 
Artículo

 
 Editor
Requena, Carmen  c.requena@unileon.es
 Contribuciones incorporadas
Requena (XII/2009) 
 Ámbito de uso
psicología, evolución
 Tipo
concepto
 Francés
emotion
 Alemán Emotion

Contenidos

1. Emoción
2. ¿Son universales las emociones?
3. Teoría socioemocional-selectiva (TSS)
4. A modo de reflexión


¿Lloramos porque estamos tristes, o estamos tristes porque lloramos?”  W. James

Responde tú mismo a esta cuestión haciendo este experimento: en algún momento que te encuentres triste, muerde un lápiz durante unos segundos y comprobarás que terminas sonriendo y acabas con la sesión de tristeza. 

Ahora contesta tú mismo a la pregunta entrecomillada.

Emoción: es el tono afectivo con el que los organismos responden a sus circunstancias. El estudio de la emoción tiene tres líneas de investigación como antecedentes, Ch. Darwin,  W. James  y S. Freud.

Las emociones responden a conductas que filogenéticamente han sido exitosas para la adaptación. Puede ocurrir que convivan conductas que, aunque en su momento han sido adaptativas, en el momento actual se hayan quedado obsoletas. Un claro ejemplo sería el miedo que todavía algunas personas tienen a las serpientes, ya que es complicado encontrarse con una en la vida diaria. Sería más propio que tuviésemos miedo de los enchufes, la vitrocerámica o el ascensor, que pueden realmente amenazar nuestra vida.

Es común que se hable indistintamente de emoción y sentimiento, pero hay entre ambos diferencias principalmente en la duración: la emoción dura milisegundos frente a los sentimientos, que son más duraderos y de formación más tardía en la filogenia de nuestro cerebro. Las emociones se ubican en el sistema límbico y los sentimientos en la zona orbito ventral.

1. Emoción

La emoción se caracteriza por ser inefable, a pesar de que buscamos palabras que la describan, lo cierto es que accedemos a las emociones sintiéndolas mejor que diciendo lo que son. Quizá éste ha sido uno de los motivos por los que el ámbito científico se ha interesado tarde  y poco por el conocimiento del factor emocional. En la realidad cotidiana, en el cine, en los medios, en la política, en la calle  se da muestra de la importancia de las emociones en nuestra cultura.
 
El estudio de las emociones ha sido abordado desde diferentes ángulos. Para muchos investigadores, la definición sólo se refiere a manifestaciones externalizadas y agudas de la reacción emocional (expresiones) y a los síntomas fisiológicos internos, ignorando la experiencia íntima y subjetiva. 

 

2. ¿Son universales las emociones?


La emoción de enfadado ¿es la misma expresión en todas las culturas? ¿son las expresiones faciales un lenguaje cuyo significado debemos aprender de nuevo cada cultura, como aprendemos el lenguaje?. Darwin, 1984, en su libro “La Expresión de las emociones en personas y animales” afirmó que las emociones primarias: sorpresa, miedo, desagrado, ira, alegría y tristeza, son universales, no aprendidas, están biológicamente determinadas y son producto de la evolución. En relación a la especificidad cultural de las expresiones faciales, Ekman, 1975, 2002 llevó a cabo un experimento donde se presentaron películas que provocaban estrés a estudiantes americanos y japoneses. Durante un tiempo veían la película a solas y en otro momento en presencia del investigador, que les preguntaba cómo se sentían mientras visualizaban la película. Se grababa todo el experimento. Las grabaciones mostraron que cuando los estudiantes estaban a solas mostraban los mismo gestos. Sin embargo, cuando estaba presente el investigador, los japoneses tendían a ocultar sus gestos. No obstante, la semblanza es la misma en todos los estudiantes; en lo que difieren es lo que han aprendido sobre el control y utilización de sus expresiones faciales de emoción.


Otro experimento consistió en presentar fotografías de diferentes expresiones a observadores americanos, japoneses, chilenos, argentinos y brasileños. Tenían que buscar cada una de las seis emociones primarias en cada fotografía. Si las expresiones fueran un lenguaje que varía de una cultura a otra, entonces no tendrían por qué reconocerse los gestos de las caras. Ocurrió todo lo contrario: independientemente del lenguaje o de la cultura, en todos los sujetos se juzgó que las mismas expresiones faciales representaban las mismas emociones. Para confirmar los resultados  y evitar que el aprendizaje se hubiese establecido por el cine, los medios de comunicación o por contacto visual. Se llevó a cabo el estudio con observadores que no habían estado en contacto con otras culturas. Para ello se contaba una historia y ellos tenían que elegir la foto que se ajustaba a la historia. Volvió a confirmarse la universalidad de las emociones. También se realizó el experimento a la inversa grabando a personas de estas culturas para que observadores de otras culturas identificasen sus caras  y volvió a repetirse la universalidad a excepción del miedo y la sorpresa.


En definitiva, si bien el semblante del rostro para las emociones primarias es el mismo para todos, hay dos aspectos en los que se observan diferencias transculturales en las expresiones faciales: aquello que provoca la emoción. Por ejemplo, las personas se sienten tristes o sienten miedo según la cultura, y las convenciones que la gente sigue para controlar y dirigir la expresión de sus rostros en la situación social son aprendidas. Por ejemplo las personas pueden sentir tristeza por la muerte y disimular poniendo un semblante alegre.


3. Teoría socioemocional-selectiva, TSS


Esta teoría defiende que, en la madurez, las estrategias de adaptación siguen trayectorias inversas; mientras la cognición disminuye, en  una variedad de tareas cognitivas (véase Zacks, Hasher, y Li, 2000), la emoción despierta  especial interés. El creciente número de estudios demuestran que la experiencia emocional no sólo está intacta en la vejez, sino que contribuye a mejorar el rendimiento de tareas cognitivas (Blanchard-Fields, 2005).


TSS mantiene que las metas cambian en la vejez. Específicamente, esta teoría predice que las metas emocionales tienen mayor protagonismo en la edad madura (Carstensen, Isaacowitz & Charles, 2010). El factor determinante en la activación de una meta particular es la percepción de tiempo; si éste se percibe como abierto, se opta por adquirir información. En el contraste, si se percibe como limitado, se reorganizan las jerarquías de las metas y se priorizan las metas emocionales. La emoción es experimentada  aquí y ahora, es muy importante cuando el tiempo es limitado, cuando el futuro es poco probable.


Evolución de la prominencia de diversas metas (Charles & Carstensen, 2010)

 

4. A modo de reflexión


Los organismos  llegan a la vida sin manual de instrucciones, pero con disposiciones de supervivencia que emplean desde el primer momento: placer o dolor. Productos de las emociones primarias. Posteriormente, en la etapa escolar, toma protagonismo el desarrollo de la neocorteza. Es tiempo de desarrollar el pensamiento formal, de aprender reglas de racionalidad. No obstante, los aprendizajes que traemos de serie (de especie), más rápidos, compiten con el razonamiento y, a menudo, se cuelan, dando como resultado respuestas racionalmente inadecuadas pero útiles.


En la juventud, desarrollamos una conciencia de nuestra existencia, que concretamos en infinitos “yoes”: “mi familia”, “mis amigos”, “mi país”, “mi vida", “mi casa”, “mi trabajo”. En la madurez aprendemos a sincronizar nuestros “yoes” con el de los demás. Es tiempo de considerar el cómo ven los otros el mundo, que es también mi mundo. Partimos de las mismas estrategias de especie para recrear nuestros mundos personales, a menudo, un poco chapuceramente. O si no, ¿a qué viene sacudirnos la mano cuando nos hacemos daño, o nos quemamos? O ¿por qué nos sentimos mejor si insultamos a nuestros superiores cuando nos enfadamos?. Formas fosilizadas de apartar el dolor en nuestros antiguos antepasados.


“Se hace lo que se puede”, decimos.  Así, por ejemplo, nos encontramos gentes con un gran despliegue de amabilidad, son los que han tenido un tipo de apego seguro, diría el psicólogo evolucionista. Claro, que también habrá entre este grupo personas amables, sin apego seguro. Hacen lo que sea para conseguir que les quieran.  (Ejemplo, en cierta ocasión supe de una señora que cada vez que conocía a alguien le tejía un jersey). Pero también hay personas que no se interesan por los otros, no han aprendido ni a dar ni a recibir (los despegados o cardos, que decimos). En fin, son formas idiosincrásicas de ser en función de nuestro nicho ecológico. Partimos de  rudimentarias estrategias que traemos de serie, y en virtud de estructuras cerebrales que nos permiten operar (percepción, atención, memoria, lenguaje), recreamos nuestro propio mundo. Somos organismos abiertos, inacabados y de momento parece que seguirá siendo así, ya que la vida es inespecífica, interactiva, futura, limitada.


Es fácil aceptar que en la vejez dejemos de competir, de ser mejores, porque ¿para qué?. Ya no hay futuro, es tiempo de ayudar, de dar paso a otros.  Opino que no, ya que la vida está en función del organismo y el medio, ambos cambiantes. En la vejez, no está todo dicho, ni mucho menos. El hecho de creer que el envejecimiento es tiempo de repliegue, de volver a la universalidad de la emoción, o no, es cosa de cada cual.


Si echamos un vistazo ahí fuera, encontramos argumentos a favor y en contra. A favor, la heterogeneidad que caracteriza el envejecimiento: Saramago, Punset, Llinás, Levi, o cualquier anónimo que se empeña por hacer de su vida una obra de arte.  En contra, una inmensa mayoría de personas mayores que siguen la inercia de un patrón de vejez desgastado, y es que cuesta mucho sacudirse el estereotipo. Es posible, lector, que si le propongo que visualice la imagen de una persona mayor esté más cerca de “doña Rogelia” que de Lucía Bosé.  ¿Qué explica estas tendencias? Como señalaba en el apartado de los memes, los medios de comunicación son el mejor vehículo para globalizar. Se  cambian expresiones como “es palabra de Dios” por “lo han dicho en la tele” o “si no estás en google, no existes”. La globalización puede obrar a favor o en contra de un envejecimiento pasivo o entusiasta. Queda siendo cosa de la ciencia desentrañar los equívocos del desconocido ciclo vital.



Referencias 
  • Blanchard-Fields, F. (2005). Introduction to the Special Section on Emotion-Cognition Interactions and the Aging Mind. Psychology and Aging (vol. 20, núm. 4, págs. 539-541).
  • Charles, S.T. & Carstensen, L.L. (2010). Social and emotional aging. In S. Fiske and S. Taylor (Eds). Annual Review of Psychology. Vol. 61., 383-409.
  • Darwin, Ch. (1984). La expresión de las emociones en los animales y en el hombre. Madrid: Alianza Editorial.
  • Ekman, P.; Friesen, W.V. (1975). Unmasking the Face. A Guide to recognizing emotions from facial clues. New Jersey: Prentice-Hall, Inc. Englewood Cliffs.
  • Ekman, P.; Friesen, W.V.; Hager, J.C. (2002). The new Facial Action Coding System (FACS).
  • James W. 1884. What is an emotion? Mind 9: 188-205.
  • Zacks, R.T.; Hasher, L.; Li, K.Z.H. (2000). Human memory. In: T. A. Salthouse; F.I.M. Craik (eds.). Handbook of aging and cognition (2nd ed., pp. 293–357). Mahwah: Erlbaum.
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